El proyecto ACABO genera un impacto directo y positivo en el territorio, especialmente a través de la activación económica vinculada al cuidado y la recolección del olivar. Cada temporada de cosecha moviliza una red de trabajo que contribuye de forma significativa a la dinamización de la economía local y a la preservación de prácticas agrícolas tradicionales.

La recolección de los olivos, en particular de los ejemplares centenarios y milenarios, requiere un trabajo cuidadoso y especializado, realizado de forma mayoritariamente manual. Este proceso genera puestos de trabajo temporales que involucran a jornaleros, cuadrillas de recolección, técnicos agrícolas y personal de apoyo, priorizando la contratación de personas de la zona.

Además de la cosecha, el mantenimiento anual del olivar —poda, desbroce, cuidado del suelo y gestión del entorno— supone una actividad constante a lo largo del año, creando una continuidad laboral más allá de la campaña de recogida de la aceituna. Estas labores no solo garantizan la calidad del producto, sino que contribuyen a fijar población y conocimiento en el medio rural.

El impacto de ACABO va más allá del empleo directo. La actividad agrícola se complementa con procesos de transformación, logística y distribución, así como con iniciativas culturales y formativas que atraen visitantes, profesionales y artistas al territorio, generando un efecto multiplicador en servicios locales como alojamiento, restauración y comercio.

De este modo, ACABO se consolida como un agente activo en el desarrollo rural, combinando producción agrícola, cuidado del paisaje y creación de oportunidades de trabajo digno, respetuoso y vinculado al territorio.